Complicidad

Yo no sabía en qué iba a convertirse esto, cuando encendí el fósforo. Tan sólo me imaginé que tal vez la chispa alcanzaría para el hogar, no me percaté (y qué iba yo a saber) que antes, Ofelia habría echado kerosen mientras repasaba las compras del mes. Apenas arrojé la cerilla, mi rostro parecía haberse consumido en un ocaso interminable, en un abismo pedestre. Mis ojos que se abrieron con sorpresa, se vieron aún más afectados pues el ardor se extendió casi hasta la completa circunferencia.
Es así que de pronto, me vi corriendo hasta el aljibe, desesperado y sintiendo que las piernas se desprendían de mi pelvis y que el pantalón sólo chocaba consigo mismo y el viento, el viento encendía aún más el fuego. Los baldes, como es de pensar, no alcanzaron. Cuando Ofelia llegó, se posó a mi costado, dejando caer las bolsas a sus costados, y la boca al piso, me miró con los ojos llenos de lágrimas y consultándo mi torpeza, aunque sin ánimos de reproche.
Es que... ¿podría ella creer que esta vez no fui yo?
Cuando ella se marchaba, yo no quise ni voltear. Sólo me tomé el sombrero con la mano derecha, lo apoyé en mi estómago como para guardar mis tripas en su interior,  y recordé casi como obligadamente, el día en que ella y yo nos enamoramos.
Ella me sonrió sobre su hombro izquierdo y soltó su pelo, yo justo me distraje en mi bicicleta y me tropecé con un pequeño pozo, pero mis rápidas reacciones, me ayudaron a salir bien parado y justo caer a su lado. La miré y ella me miró, se quiso levantar de su banco pero yo sin querer había apoyado mi pie sobre su larga pollera, que se terminó desgarrando al tiempo que ella gemía sorprendida y enojada. Yo la mire y le dije que tenía bonitas piernas, y que no fue mi intención. Ella me abofeteo y se marchó.
Luego fui al sastre y le pedí qe me hiciera un vestido nuevo para regalarle, con una O bordada en el final de la pollera, él así lo hizo. Se lo llevé, y ella me sonrió. Su padre me miro de reojo y aceptó mi gesto en silencio.
Ofelia, le dije, ¡es que no vas a creer que ha sido intencional!.
Ella sonrío de costado y me tomó la mano.
Y la mano se perdió en la última pared de la casa que se desmoronaba.
 Esa misma tarde, ya cayendo la noche, el río creció tanto que cubrió la mitad del puente. La gente desconcertada se atascó creyendo que el agua se lo había llevado. (y yo tenía la esperanza que eso hubiera detenido a Ofelia)
Fue noticia al otro día al ver, que el éste seguía intacto porque al parecer tenía una rajadura que había funcionado como declive. Y la gente, coartando su estupidez o falta de mérito alegaba que ¡qué iban ellos a saber! si el puente esta cubierto y que un puente, no se construye de un sólo lado.

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Ceyron Louis

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